El trabajo colaborativo y el valor del equipo

El trabajo colaborativo y el valor del equipo (I)

El mundo está cambiando, eso es una evidencia, a nivel climático, de movilidad, de relaciones sociales y en las relaciones laborales. Y es en éstas últimas donde nuevas formas de comunicación, de formación y de tácticas y tendencias se aplican tanto para llegar al cliente final como para aumentar nuestra visibilidad como emprendedores.

Con independencia del modo de vida empresarial al que nos enfrentemos, desde la gran multinacional hasta el pequeño negocio o empresa del que somos responsables, en todo momento estamos formando parte de un equipo de trabajo que, sí o sí debe de remar en la dirección adecuada para que la razón de ser de ese equipo se cumpla, esto es, alcanzar el objetivo previsto en el plazo previsto. Las técnicas necesarias para alcanzar ese objetivo difieren a lo largo del tiempo, pero mantienen un nexo en común y es que la figura del jefe, del líder, del director, gestor y otros animales de compañía como nexo de unión y aglutinante del equipo. Me refiero a equipo en general y no a equipo de trabajo en particular porque considero fundamental que para que funcionen los nexos de unión entre los miembros se debe sobrepasar al entorno empresarial y establecer lazos más cercanos en el entorno personal. Atención nuevos y jóvenes empresarios y lideres en potencia, guardad vuestro picor en la zona púbica, hablo de fomentar las relaciones personales, no he mencionado nada relativo al sexo ni pasiones ocultas, El lobo de Wall Street es una gran película y no una meta.

En este sentido y durante, digamos los últimos cinco años, estamos viendo una explosión de nuevos conceptos que dejan a un lado la fuerza de la técnica empresarial para orientar los esfuerzos hacia el sentimiento de la empresa, ahora no solo buscamos un producto rompedor con buena penetración en el mercado (que curiosamente parece que todas las startups centran sus novedades en una app, luego entraremos en esto), sino que debemos ser capaces de encontrar un equilibrio entre la “mentalidad” o “personalidad“ de la empresa y el producto que ofrecemos. Nuestro producto no es únicamente un elemento material que se puede comprar, es en sí una experiencia, es un conjunto perfectamente equilibrado del producto y de la sensación que nos produce cuando lo consumimos. Bien, es cierto, puede parecer pedante o fuera de lugar, pero… ¿no es eso lo que nos pretende vender la publicidad?, ¿qué diferencia a nuestro producto de la competencia?, ¿por qué nuestra manzana es más sabrosa que las demás?. Pues posiblemente nuestra fuerza esté en la calidad de la tierra en la que cultivamos estas manzanas, esa es nuestra base diferencial con las otras manzanas del mercado (y por supuesto al más mínimo mordisco podemos deleitarnos con el frescor de algún prado o con el olor inolvidable de la tierra mojada, de eso se encargan los chicos de marketing). Pues bien, nuestro equipo es esa tierra diferencial, nuestro equipo es la base del cultivo de nuestro producto, empresa, app rompedora en Google Play o lo que sea que queramos construir, y desde ese punto de vista somos el aglutinante de nutrientes, vitaminas, aire y sales minerales necesarias para que nuestra plantación vaya a buen término.

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