El trabajo colaborativo y el valor del equipo

El trabajo colaborativo y el valor del equipo (II)

En esta ultima década se está perdiendo el valor del individuo frente al valor de la -mal llamada- comunidad. En una sociedad cada vez más individualista y egoísta, el individuo se diluye en el grupo y tan solo aparecen superestrellas mesiánicas deportivas mientras que en los entornos de trabajo todos parecemos prescindibles. Curioso si cabe, que en una época donde se pide la máxima implicación del empleado en su trabajo y en su entorno, su identidad sea lo menos valorado y prime esa entidad de colonia sobre cada individuo.

Necesitamos ser colaborativos, de ello siempre dependió nuestra supervivencia como especie, está en nuestra naturaleza, pero no podemos ni debemos perder la identidad individual en la compañía o en el equipo de trabajo. El mejor equipo de trabajo es aquel formado por individuos, con formación interdisciplinar y donde cada uno tiene muy claro el qué, el cómo y el cuando debe hacerse cada tarea y como elemento de valor añadido, ese grupo de individuos que comparten el buen ambiente de camaradería que se consigue con el sufrimiento compartido. Cuando se estresa a un equipo en el borde de sus limites, orientados por un elemento del grupo que sepa manejar esa situación en concreto, si conseguimos que nazca el instinto de supervivencia, éste nos llevará hacia la consecución del objetivo y a fortalecer la unión de los miembros; a partir de ahí podemos enfrentarnos a (casi) cualquier reto dentro y en los limites de nuestro ámbito de conocimiento.

Pero cuidado, el valor de ese equipo consolidado está precisamente en SUS INDIVIDUOS, en la suma que sus valores individuales aportan al equipo y que curiosamente, el valor del todo es mayor que la suma de las partes. Esto entra en contradicción con lo que apuntábamos al principio, la moda de la comunidad, la moda de pretender igualar el éxito de una idea, de un producto o de una empresa, al trabajo anónimo de un grupo indeterminado de “abejas obreras” que con el esfuerzo de todas se consigue el objetivo. ¡NO, NO y mil veces NO!, no os equivoquéis, las abejas o las hormigas han alcanzado un grado de especialización de sus individuos en miles de años de evolución, nosotros por suerte o desgracia, llevamos menos tiempo sobre la superficie de la Tierra y nuestra especialización es nuestra capacidad de adaptación. Con esto quiero decir que el Software Libre es una idea estupenda, se nutre de la inteligencia y el conocimiento de miles de programadores que dedican parte de su tiempo a desarrollar y mejorar continuamente un producto, pero su fuerza no está en su número como nos muestran, su fuerza está en su cohesión con el resto de los desarrolladores.

Permitidme que termine finalice esta línea de pensamiento con una frase atribuida al industrial británico Sir James Goldsmith, “Si pagas con cacahuetes solo contratas monos” y usarla como base para defender con vehemencia a un equipo bien aglutinado, motivado y bien pagado.

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