Hiperconectividad: ¿Eres FOMO o JOMO?

Hiperconectividad: ¿Eres FOMO o JOMO? (I)

Vivimos tiempos de conectividad absoluta. Relojes que nos monitorean el pulso o la actividad física. Redes sociales como escaparates extraordinarios de nuestra vida. O, al menos, de lo que queremos mostrar de ella. Teléfonos inteligentes que nos acompañan regalando ubicación, hábitos y gustos principalmente a Google. Pero también a todo aquel que ha conseguido que instalemos una aplicación suya en nuestro terminal (Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter, Apalabrados, Candy Crash, Clash Royale, etc., etc.).

Este agotador panorama de la hiperconectividad se ha dado en llamar FOMO (siglas en inglés de fear of missing out, miedo a perderse algo). Si tenemos en cuenta que un usuario desbloquea su teléfono móvil cerca de 200 veces al día estamos ante un problema. Muchos psicólogos ya consideran al FOMO como un nuevo tipo de trastorno de ansiedad.

Pero esta nueva era hiperconectada ya está teniendo consecuencias. Nos vemos empujados a ser expertos de todo y siempre en continua comparación con lo que hacen los demás. Viajar a los mejores lugares, hacer las mejores fotografías o ser el seguidor número uno del músico de moda. Creerme en posesión de la verdad a golpe de likes, esa obsesión que comenzó hace una década con el botón “me gusta” de Facebook. Y cumplimos con la conectividad absoluta en el autobús, el metro, mientras caminamos por la calle o mientras compartimos desayuno con amigos o compañeros de trabajo. Una norma no escrita se ha apoderado de los usuarios de móvil que priorizan los avisos de su teléfono a las relaciones sociales tradicionales.

¿Y a dónde nos lleva la hiperconectividad? En principio a una profunda insatisfacción. Richard Godwin, escritor independiente para The Guardian, asegura: “Mi abuelo era fotógrafo aficionado, coleccionaba monedas, hacía ciclismo, pintaba acuarelas y tenía peces tropicales. Y, bendito sea, no destacaba en nada. Pero no le importaba. Sus pasatiempos le servían para abstraerse y conocer gente. No tenía necesidad de comparar su acuario con el de otro aficionado con 373.000 seguidores”. Pero también a una peligrosa dependencia. La Universidad Estatal de San Francisco afirma en un estudio que la adicción a los teléfonos inteligentes crea conexiones cerebrales muy similares a las que presentan los adictos a sustancias como la heroína o la metadona.

Y para intentar enderezar el rumbo, llega JOMO (siglas en inglés de joy of missing out, el placer de perderse). Corriente abalada por altos ejecutivos de Silicon Valley y la propia Google, y de la que os hablaré en la segunda parte de este artículo.

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