La guerra en Ucrania: desinformación y gente normal

La guerra en Ucrania: desinformación y gente normal

Los ucranianos son viejos conocidos en España. He trabajado con muchos y son gente normalmente muy sencilla, como nosotros en muchos aspectos. En Alemania hay el doble de ucranianos que en España, si bien dicho país presenta el doble de población que el nuestro, así que lo comido por lo servido. Llevo viviendo en Alemania desde 2013, un año antes de que Rusia se anexionara -de forma ilegal- la península ucraniana de Crimea. Volveré a mis amigos ucranianos después.

No ahondaremos aquí en razones políticas o de geoestrategia: baste recordar que cada vez que un país que la Federación Rusa considera de su área de influencia se acerca a la Unión Europea o a la OTAN, Moscú hace lo posible por desestabilizarlo. Así pasó en Georgia (en la montañosa región del Caúcaso, antaño soviética), cuando solicitó el ingreso en la OTAN en 2008. Rusia respondió fomentando el separatismo de las regiones de Abjasia y Osetia del Sur (con sus antecedentes en 1991-1992) y reconociendo su independencia: ¿les suena? Efectivamente: Donestk y Lugansk en el Donbás (región industrial al este de Ucrania, o lo que queda de ella) fronteriza  con Rusia.  Donestk y Lugansk ocupan en Ucrania el lugar de Osetia del Norte y Abjasia. A esto se añade Transnistria, pequeño enclave en Moldavia (exrepública soviética), al oeste del río Dniéster, como su nombre indica. Es el único territorio en el mundo -que yo sepa- que mantiene el escudo y la simbología soviética en su bandera. No reconocido por casi nadie salvo por Rusia, como Osetia del Norte, como Abjasia, como Lugansk y Donetsk: los territorios mencionados sólo se reconocen entre ellos mismos. Y Transnistria se halla situada entre Ucrania y Rumanía. Y allí mantiene Rusia tropas desplegadas desde hace tres décadas.

Pero Ucrania es otro cantar. Lo que pasara en el Caúcaso, Crimea y el Donbás hay que reconocer que a muchos de nosotros nos pillaba más bien lejos. Total: por allí andan siempre a tiros. Sin embargo la invasión rusa -o la invasión de Putin- apunta más alto. Ucrania comparte frontera con Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, países de la UE. Hoy todo es solidaridad, pero Rusia lleva en guerra en territorio ucraniano desde 2014, desplegando su propaganda. Y dicha propaganda es el objeto de este pequeño artículo, entre otros aspectos.

Empecemos por las afirmaciones llevadas a cabo dentro de la propaganda rusa, porque el frente también está en la opinión pública y -tanto es así- que Putin prohíbe a los medios rusos utilizar las palabras “guerra”, “invasión” o “ataque”, entre otras.

En primer lugar, que OTAN se expande pese a la promesa realizada a Gorvachov de que no lo haría. Falso. Ni siquiera el propio Gorvachov asegura que sea cierto.

En segundo lugar, y relacionado con lo primero, “Ucrania es una amenaza para la seguridad de Rusia”, por su aproximación a la UE y a la OTAN. Falso. La única amenaza al régimen de Putin -que no a Rusia- lo supone la “peligrosidad” de exportar un modelo tendente a pedir libertad y aproximación a los europeos (léase Revolución Naranja de 2004 o el Euromaidán de 2014). Rusia considera que Ucrania es su zona de influencia y asevera que Occidente le está atacando. Pero hay más: Rusia firmó multitud de tratados e instrumentos internacionales que sancionaban la libertad de cada estado para integrarse en el bloque u organización que consideraran conveniente, tales como Acta de Helsinki (1975), la Carta de París (1990) o, ya directamente con la OTAN, el Acta de relación OTAN-Rusia (1997), un espacio de seguridad europeo dentro de la OSCE, sin líneas rojas Para terminar, el Memorandum de Budapest, 1994: donde Rusia se comprometía, junto con Francia y el Reino Unido, a mantener la integridad de Ucrania. Luego se sumaron China y Francia. Conclusión: Rusia no fue obligada a firmar nada. En todo caso -y para no irritar demasiado al Kremlin- tuvo lugar en el contexto de la ampliación de la Alianza Atlántica en 1995, un trato diferenciado a Ucrania y a Rusia.

En tercer lugar, Ucrania es parte de Rusia, siempre lo ha sido. Falso. Ucrania, en este sentido, no existe… como mucho una invención de Lenin, objeto de los dardos de Putin. En relación a lo dicho, conviene resaltar que no se atisba, a tenor de la actitud desplegada por los ucranianos durante la invasión rusa, que quieran tener mucho que ver con Moscú ni mucho menos que se sientan parte de Rusia. Ese fue uno de los errores estratégicos de Putin: pensó que los rusos serían recibidos, si no con los brazos abiertos, sí con mayor indiferencia. El mandatario, sin embargo, ignora intencionadamente que Ucrania sí que tuvo su pasado. Así, creció junto a los rusos en la Rusia de Kiev desde el siglo IX -no había entonces diferenciación significativa en un pueblo que, por entonces se encontraba inmerso en un proceso de formación y que vivía en diferentes unidades políticas (entre las que se cuentan la Rusia de Novogorod, bastante más al norte). Además de ello, los ucranianos habitaron diversos estados o entidades, una de las más importantes es la Unión Polaco-lituana o Mancomunidad de las Dos Naciones (1569-1795), importante y extenso estado que llegó a uno de los más importantes de Europa. Comprendía gran parte de la actual Polonia, casi toda la Ucrania actual, Bielorrusia y por supuesto Lituania. Allí el ruteno (antecedente del ucraniano o una versión más antigua del mismo) ostentaba el estatus de oficial, y allí floreció como lengua con su correspondiente literatura. En los 90 del siglo XVIII fue repartida entre Prusia, el Imperio Ruso y Austria. En fin: que no tuvieran estado no implica que no existieran y, si no, que se lo pregunten a los kurdos.

Por último (sin pretender ser exhaustivos), una de las ideas favoritas del Kremlin: Ucrania es, directamente, un estado neonazi. Falso. Tal aseveración presenta una incontestable ventaja: Rusia ocupa el lugar de los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial; y Ucrania, como no podía ser de otra forma, el de los nazis: así de simple. No obstante, dicha afirmación también es falsa por varias razones:

Primero, el presidente ucraniano Zelenski es judío y nieto de un soldado ruso que combatió a los nazis en Ucrania en la Segunda Guerra Mundial; él y el padre del mandatario ucraniano están enterrados en la región que Rusia dice que Ucrania oprime. Para terminar: Zelenski es rusófono; por si no queda claro: el ruso es su lengua materna, no el ucranio que, naturalmente, también domina ¿dónde está, pues, el estado nazi?

Segundo, es cierto que al inicio de la guerra del Donbás -no lo olvidemos, patrocinada por Rusia- hubo un batallón, el Azov, que sí estaba integrado por neonazis, pero los mimos representaban una parte ínfima ejército ucraniano. Dicho batallón fue reorganizado.

Por contra, destacan varios hechos que no hablan de Putin como a él le gustaría, a saber: Putin es financiador de partidos de extrema derecha en Europa (se incluyen préstamos al Frente Nacional de Le Pen), además de influir en las elecciones que ganó Trump en EE.UU. e incluso en el movimiento independentista catalán; y es que para Putin es bueno todo lo que desestabilice la Unión Europea, aunque parece que se ha encontrado una unión que no se esperaba. Para concluir, citar a la banda de moteros ultranacionalistas conocida como los «Lobos de la noche», grupo prohibido en Alemania y Polonia, al menos. Se trata de una especie de milicia con tintes neonazis que propugna la anexión de varias ciudades ucranianas y, entre otras lindezas, la vuelta a Berlín, y no precisamente en son de paz. Sus gritos de guerra son, entre otros, «por nuestra madre Patria», por «Stalin» y «por Putin». Tienen contacto privilegiado con el presidente y forman parte de su máquina propagandística.

Y tercero, y derivado del supuesto estado nazi ucraniano: discriminación de los rusófonos. Para empezar, la Constitución ucraniana establece el ucraniano cono idioma oficial. Esta medida es polémica pero encuentra su razón en la protección del ucraniano, durante siglos blanco de distintos procesos de rusificación. El ruso y otras lenguas gozan, según la constitución ucraniana, de un estatuto de protección. Sin embargo el ruso, pese a carecer de carácter oficial, es hablado a lo largo y ancho de Ucrania y muchos hablan los dos idiomas o los mezclan, nunca se ha perseguido a lo ruso y ello atestigua una encuesta realizada en 2009 que concluía que no existía ningún problema con la lengua o que nadie se sentía discriminado por dicha razón.

Ahora, vayamos a lo que era intención primordial de este artículo: la gente normal. Desde mi estancia en Alemania, he sido consciente de las actitudes entre los distintos ucranianos, y siempre me he cuidado de no herir a nadie. Por dicha razón he intentado inquirir acerca de su posición en el conflicto iniciado en 2014. Comentaré una anécdota. Un matrimonio de ucranianos son muy buenos amigos nuestros, los aprecio y hemos compartido algunos vodkas. Una vez en una cena, empezamos a hablar del ruso, de Rusia, cultura y país de los que me considero, por cierto, fan, y salió a la conversación lo inevitable. Él es ucraniano, pero ruso. En fin…, me dijo que los fascistas y nazis (léase gobierno ucraniano) “no pasarán” (así, tal cual, en español, como si fuera un miliciano luchando contra Franco), además de otras lindezas. La cuestión es que es buenísima persona, un tipo simpático, afectuoso, divertido, del mismo modo que lo es su mujer. Eso ocurrió antes de la pandemia y desde entonces, por culpa del maldito virus, no nos hemos vuelto a reunir. Con motivo de la invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022 me llamó la atención ver en su Facebook afirmaciones en la línea de “por fin vengaremos a los rusos del Donbás, apuñalados en su suelo por el estado ucraniano”. En sus entradas daba miedo lo que podía verse. Según se desprende de sus publicaciones -de las que ni que decirse tiene que él no es autor-, “Ucrania apuñala a los hijos del Donbás”, “Ucrania es una enana obediente y malvada” (de la OTAN y Occidente, se entiende). Ellos, según estas publicaciones, no desean la guerra pero hay que llevarla a cabo para restaurar la armonía. Instan a los ucranianos a correr porque les darán una lección: es lo único que les queda, correr…

En fin… y estos son amigos a los que aprecio y a los que no voy a poder convencer de nada si no quiero perder su amistad. Son gente normal, que tiene vidas normales. Hay muchos rusos que deciden informarse y salen a la calle para impedir la barbarie, pero otros, como los amigos de los que he hablado, permanecen impasibles, impermeables a toda contrainformación distinta a las que les suministra la propaganda rusa. Por eso opino que, por mucho que nos insufle ánimos la inesperada y heroica resistencia ucraniana y por mucho que nos alegre el corazón que muchos rusos salgan a la calle, esto va, en gran parte, de gente totalmente normal.

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