La importancia de las cosas pequeñas

La importancia de las cosas pequeñas

Con frecuencia, las cosas pequeñas tienen una trascendencia mucho mayor de la que les reconocemos a priori. Su importancia crece cuando además estas cosas pequeñas se repiten y se prolongan en el tiempo. Pequeñas rutinas que automatizamos, pequeñas acciones que nos imponemos y aceptamos, cosas pequeñas que pasan desapercibidas y se desdibujan en el transcurrir de los días.

A veces tendemos a percibir nuestra vida como una sucesión de acontecimientos importantes, pero son en realidad esas cosas pequeñas con su frecuencia las que la llenan y le aportan o le quitan belleza o sentido.

En mi caso, la maternidad me abrió los ojos de par en par en lo que a las pequeñas cosas y su importancia se refiere. De pronto reparé en la gran importancia que tienen en nuestra existencia y en cómo afectan a cómo me siento. La existencia de un bebé de dos años se basa casi exclusivamente en la repetición y todo su mundo se compone de cosas pequeñas. Así, a través de los ojos y las vivencias de mi hijo compruebo la importancia y el peso de esas cosas pequeñas que repetimos una y otra vez.

Para él todas esas repeticiones son importantes al ser la forma en que descubre el mundo y la base de un asombroso proceso de aprendizaje. Para mí es lo que llena mis días de felicidad y el material con el que fabrico los recuerdos que en el futuro serán valiosos tesoros.

Media hora al día contándonos un cuento antes de dormir, una hora al día jugando en el parque, 30 minutos tres veces al día comiendo mientras imitamos sonidos de animales e inventamos juegos, 40 minutos tres veces a la semana pintando con colores hojas y más hojas de una libreta… Al cabo de un año estas pequeñas cosas hacen 23 jornadas laborales de 8 horas contando cuentos, 15 días enteros jugando en el parque y 13 jornadas completas pintando con colores.

Hace ya dos años que ese pequeño saquito de abrazos llegó para poner patas arriba todas mis rutinas enseñándome desde el principio la importancia de dedicarle tiempo, todo el tiempo que pueda, para acompañarle en su asombroso proceso y aprender a su lado. Y es por eso, que desde hace dos años cuido mucho más en qué utilizo cada minuto del día, sobre todo en mi actividad profesional. Pues soy enormemente afortunada por no tener horarios fijos ni jefes que me lean la cartilla, pero a cambio también soy la única responsable del tiempo que malgaste. No tengo a nadie a quien culpar del tiempo que pierdo y tal vez por eso intento evitar perderlo.

Y es que lo mismo que con las horas de cuentos y de parque ocurre con las cosas pequeñas que no nos aportan ningún beneficio o que incluso nos resultan un fastidio pero que aceptamos con resignación. Un claro ejemplo de esto, son las comunicaciones con desconocidos que nos contactan para pedirnos “un consejo”, “ayuda” o “unos minutos para contarnos algo que nos va a interesar mucho”…

Esta situación que para la mayoría es simplemente algo molesto, llega a ser un verdadero problema para personas de éxito con una gran exposición y mucha relevancia. La situación además se agrava con la gran cantidad de canales de comunicación que todos tenemos abiertos: Redes Sociales, email personal, email profesional, perfiles profesionales en diversas plataformas, teléfono, apps de mensajería instantánea…

Parece un gesto sin importancia, unos minutos sin trascendencia, como los que se dedican a un cigarrillo, minutos que no cuentan. No cuentan… hasta que los cuentas.

Y eso es precisamente lo que hicimos un buen amigo y yo ante un par de cafés hace ya algún tiempo. Estábamos disfrutando de una siempre estimulante conversación y una queja suya nos llevó a compartir reflexiones sobre el tiempo que dedicamos a atender a desconocidos. No parecía algo relevante, como suele ocurrir a priori con todo lo pequeño y recurrente hasta que te paras a analizarlo. Y disfrutábamos tranquilos de nuestros cafés hasta que hicimos unos números y nos alarmamos, nos alarmamos muchísimo. Fruto de aquella conversación nació MyPublicInbox, una plataforma que pretende favorecer las comunicaciones respetuosas en internet. Y como respeto muchísimo el tiempo de mis lectores, hoy no os contaré nada más de este proyecto que podéis investigar por vuestra cuenta y del que estaré encantada de resolver cualquier duda que me hagáis llegar.

El caso es que esta plataforma nos ha permitido medir tanto el tiempo que habría dedicado a leer mensajes de desconocidos antes de contar con esta herramienta como el tiempo que ‘ha ganado’ al usarla.

En el último año, el perfil de este amigo ha recibido 18.500 visitas. Posiblemente muchos de estos visitantes habrían contactado con él de no ser necesario un registro y es altamente probable que le hayan escrito en alguna de sus redes sociales, sin embargo, mi amigo ha decidido no responder a un desconocido por otros canales y a todos los redirige a su Perfil Público. De esas 18.500 visitas, algo más de 3.000 usuarios lo añadieron a su agenda tras completar un proceso de registro, lo que significa que tenían intención de contactarle. Al descubrir que para contactar con esta persona debían pagar poco más del precio de dos cafés, tan solo 450 decidieron finalmente ponerle un mensaje. Así pues, resulta que el obligado café al que invitas a alguien que te regala su tiempo para escuchar tu consulta y ayudarte, es un excelente filtro para seleccionar a quienes realmente valoran tu tiempo cuando se trata de una comunicación digital.

Ahora asumamos que dedicamos una media de 5 minutos a cada uno de esos 3.000 mensajes que con alta probabilidad de acierto podemos suponer que habrían llegado al buzón de entrada de tratarse de una comunicación gratuita y anónima. Esto hace un total de 15.000 minutos, que equivalen a 250 horas. Si empeláramos una jornada laboral completa de 8 horas a leer estos mensajes llegamos a la asombrosa cifra de 31 días. Es decir, a lo largo de un año habría dedicado un mes completo de su vida a tan solo leer mensajes de desconocidos simplemente para poder identificar, además con alta probabilidad de equivocarse, a los que realmente eran interesantes y respetaban su tiempo.

Ahora supongamos una media de 10 minutos para responder a esos 450 desconocidos que estuvieron dispuestos a pagar el café a cambio de su tiempo, mensajes respetuosos y en su gran mayoría interesantes para él. Pues bien, leerlos y responderlos le ha llevado poco más de una semana. Un tiempo nada desdeñable pero muy inferior al mes largo inicial. Tras ese café de reflexión este buen amigo, yo misma y muchos otros perfiles relevantes de todas las áreas hemos ganado semanas llenas de instantes y de oportunidades para vivir bien, para vivir mejor, o al menos intentarlo.

A mí, en este intento por vivir mejor, me encanta contemplar la forma en que mi pequeño dispone de su tiempo. Es cierto que hay mucho de egoísmo infantil y de personalidad en pleno proceso de construcción en el deseo incontrolable de los más pequeños por tener y hacer todo ‘ahora’. Pero también hay una belleza natural en ese disfrute absoluto de cada momento, en ese vivir sin horarios impuestos simplemente atendiendo a su curiosidad insaciable y a los estímulos que reciben.Por eso, incluso cuando imaginamos futuros alternativos solemos plantearnos las preguntas equivocadas. Porque si te tocara la lotería, la pregunta no es ¿qué harías con el dinero? sino ¿qué harías con tu tiempo?

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